Rubén Lucio González, chaqueño, 57 años, domiciliado hasta su detención en el barrio Toba, enfrenta un pedido de prisión perpetua por el calvario al que sometió a su pareja, Norma Ester Quiroga, hallada desnutrida y muerta por asfixia el 28 de agosto de 2019. Y a su hija Laura, que ese día pudo escapar de su casa y pedir ayuda, acción que dejó al descubierto el accionar del femicida, que sostenía que ambas “estaban poseídas por el demonio” y las sometía a todo tipo de tormentos.

Luego de una investigación que instruyó el fiscal Miguel Moreno, luego delegada al fiscal Gastón Ávila, el caso llegó a juicio este lunes.

El requerimiento acusatorio señala:

“Se le atribuye a González haber privado de la libertad personal a Norma Ester Quiroga y a Laura –concubina e hija del imputado, respectivamente– manteniéndolas en el interior del domicilio de Pasaje 1821 al 6238 durante aproximadamente un mes, desplegando para ello amenazas dirigidas a ambas –diciéndoles que si salían las iba a matar– y violencia física hacia Quiroga provocándole múltiples lesiones, y privándola de asistencia médica. A los fines de asegurar el sometimiento de las víctimas, las privó, también, de alimento o medios para procurarlo. En estas condiciones, las colocó en clara situación de desamparo. Este cautiverio, cesó el 28 de agosto de 2019 al anochecer”.

En el contexto de hecho antes descripto y en una fecha cercana al 28/8/19, se le atribuye mediante violencia física y amenazas, haber abusado sexualmente de Quiroga, introduciéndole en su vagina un elemento contunde provocándole las lesiones de las que da cuenta el informe de autopsia y que corrobora el informe definitivo. Finalmente, se le atribuye: el día 28/8/19, alrededor de las 21, mediante golpes de puño y la compresión del cuello, haber causado la muerte de Norma Ester Quiroga, por asfixia mecánica compatible con sofocación.

Las evidencias de mayor peso en la causa son los desgarradores testimonios de Laura, la víctima-testigo, hija de González.

La joven contó que estaba en su casa con su mamá, porque ella estaba dolorida por golpes anteriores de su padre. Eran alrededor de las 20. Su padre regresó de la iglesia y se puso a orar; les decía que tenían demonios. Le comenzó a pegar a su madre y Laura se asustó y salió corriendo a pedir ayuda a la vecina. Poco después, regresó y vio a su madre tirada en el piso, ya muerta. Su padre la quería revivir, pero ya no había caso. González la había apretado “orando”, Quiroga convulsionó y falleció. Cuando González se fue a orar a la otra habitación, Laura corrió a lo de su vecina a pedir ayuda.

González, contó Laura, las tenía amenazadas y por eso no lo denunciaban: vivían con miedo.

Siempre torturaba a Norma. Le pegaba en la planta de los pies y también la pisaba. A ella y a Laura les daba muy poco de comer: apenas un poco de pan y sopa lavada.

Cuando llegaron los policías del Comando Radioeléctrico alrededor de las 21 de ese martes de agosto, Norma se encontraba muerta en su domicilio, con livideces generalizadas y palidez con hematoma nasal. Tenía moretones en la planta del pie, midriasis bilateral. Y Laura sufría cierto grado de desnutrición, acompañada de tos, piel seca y pelos quebradizos.

De las entrevistas realizadas por una trabajadora social se desprende que en 2005 Quiroga perdió un embarazo, pero González no le permitió recibir atención médica.

“Le pedía al demonio que se vaya de su cuerpo, le decía levantate que estás bien y le pasaba en el cuerpo un alcohol o aceite de esmeralda. Era un exorcismo, él la apretaba desde la cabeza a los pies, la empujaba de las axilas, le apretaba el cuello, la espalda, decía que era para sacarle el demonio. Ella le pedía agua y no le daba. Ella lloraba”, señala un testimonio.

El debate es presidido por los jueces de Primera Instancia Rodolfo Zvala, Nicolás Vico Gimena e Ismael Manfrín.