/Cuidacoches en Rosario: entre la prohibición y una realidad social que nadie logra ordenar

Cuidacoches en Rosario: entre la prohibición y una realidad social que nadie logra ordenar

Mientras avanza el debate por la posible prohibición de los cuidacoches en Santa Fe, el Concejo de Rosario realizó el tercer encuentro de la mesa de trabajo

Funcionarios municipales, concejales y referentes de áreas sociales analizaron cómo abordar una actividad que para muchos vecinos dejó de ser una colaboración informal para convertirse en una imposición.

La reunión se desarrolló en el Salón de los Acuerdos “Lisandro de la Torre” y contó con la participación de representantes de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat. Allí se expusieron datos sobre consumo problemático, salud mental y situación social de quienes trabajan como cuidacoches.

El subsecretario de Abordaje Integral, Gabriel Pereyra, sostuvo que la mayoría de las personas que realizan esta actividad no vive en situación de calle. Según explicó, muchos mantienen el cuidado de autos porque representa un ingreso económico difícil de reemplazar.

El funcionario pidió “no romantizar ni criminalizar” la situación, aunque remarcó la necesidad de avanzar con regulación, control y alternativas laborales. También señaló que existen casos atravesados por adicciones, problemas de salud mental y ludopatía.

En la misma línea, Alejandro Bonifacino, director de Abordajes Integrales, indicó que el relevamiento municipal detectó consumos problemáticos de alcohol y drogas en gran parte de las personas identificadas en esta actividad.

Durante el encuentro, los concejales consultaron sobre refugios, reinserción laboral, controles y el posible impacto de una ley provincial que prohíba definitivamente la actividad.

Sin embargo, hubo un punto que sobrevoló toda la discusión: la ausencia de la voz de los vecinos. Comerciantes, automovilistas y trabajadores que conviven a diario con los cuidacoches vienen manifestando desde hace años rechazo al sistema informal de cobro en la vía pública.

Muchos sostienen que pagar para “cuidar” un vehículo se parece más a una obligación que a una colaboración voluntaria. Otros incluso comparan la práctica con situaciones extorsivas: “Pagás para que no te pase nada”, resumen quienes cuestionan la permanencia de una actividad que sigue generando polémica en Rosario.

Por ahora, el debate continúa dividido entre quienes consideran que debe prohibirse por completo y quienes creen que el problema requiere una salida social más profunda. Mientras tanto, en las calles rosarinas, la discusión ya dejó de ser teórica hace tiempo.

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